Artículo Trilogía 42, n° 53

Resiliencia y palabra: la travesía humana de Gabriela Mistral

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Alejandra Tapia

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RESUMEN

Esta publicación invita a redescubrir a Gabriela Mistral desde una mirada íntima y humana, reconociendo la fuerza, perseverancia y sensibilidad que marcaron su vida y su obra. A través de su historia se aborda el valor de la resiliencia y la palabra como herramientas de transformación. La propuesta plantea leer a Mistral más allá del bronce, comprendiendo su autoexilio, su vida afectiva y su legado como una invitación a pensar la lectura y la mediación desde la empatía y la humanidad.

 

Comentario

La relación entre lectura, escritura y condición humana es inseparable, no podemos comprender ninguna de estas prácticas sin vincularla con las otras. El pedagogo brasileño Paulo Freire lo explica al afirmar que “la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra, de ahí que la posterior lectura de ésta no puede prescindir de la continuidad de la lectura de aquel”(1). Es decir, cada acto de leer o escribir está mediado por la subjetividad de quien vive, siente, piensa y analiza su contexto individual.

La lectura y la escritura conforman un continuo donde comprender el mundo es la base para nombrarlo y, por ende, transformarlo. Es a través del lenguaje que las personas construyen sentido, identidad y memoria colectiva. Desde esta perspectiva, la palabra es una forma profundamente humana de habitar la realidad. Es precisamente en esta intersección entre experiencia y palabra donde podemos comprender la travesía vital y literaria de Gabriela Mistral.

En el marco de la celebración de los 80 años del Premio Nobel de Literatura otorgado a Gabriela Mistral, distintas iniciativas han buscado reconocer y valorar la obra de la gran maestra y poeta del Elqui. Una invitación a releerla debe atender a su trayectoria vital, a las barreras que enfrentó, al desarraigo que la acompañó, a la intensidad afectiva que expresó en sus cartas y a la lucidez intelectual de sus conferencias y escritos.

Lucila Godoy -más tarde Gabriela Mistral- nació en el Valle del Elqui en el seno de una familia trabajadora. Su madre, Petronila Alcayaga, era modista; y su padre, Jerónimo Godoy, maestro rural, abandonó el hogar cuando ella tenía apenas 3 años. Tras lo cual se traslada junto a su madre a Monte Grande, donde su hermana, Emelina Molina, tenía a cargo la escuela de la localidad.

Fue Emelina quien educó a la niña Lucila tras un grave incidente de violencia escolar que marcará profundamente su vida. Es la propia Gabriela quien narra este hecho: un episodio de acoso, acusaciones injustas y hostigamiento físico que terminó con su retiro del establecimiento escolar y con la convicción -inducida en su madre por la maestra- de que carecía de “condiciones intelectuales de ningún género y que sólo podría aplicarme a los quehaceres domésticos”(2). Esta experiencia significó no solo un daño físico y emocional, sino que además pudo haber limitado significativamente su desarrollo.

Pero la resiliencia de Lucila pudo más y bajo la mirada de Emelina, comenzó un camino que jamás abandonaría: el del autodidactismo. Así comenzó sus primeros pasos en la enseñanza, como ayudante de su hermana, para luego ejercer como maestra a los 15 años en la Escuela de la Compañía Baja, donde enseñaba a niñas y niños durante el día y a personas adultas en la noche.

Gabriela Mistral fue una autodidacta excepcional, quizás no por opción inicial, sino por la necesidad vital de conocimiento. El sistema educativo formal le fue adverso. En 1905 con la meta de obtener el título de maestra, rol que ya ejercía, postuló a la Escuela Normal de La Serena. Su solicitud fue rechazada por las ideas que difundía en la prensa local.
Sin embargo, este nuevo rechazo, no logró amilanar su ánimo. Un año más tarde, a los 17 años, público en La voz del Elqui un artículo titulado “La instrucción de la mujer”, donde aboga por el derecho de las mujeres a acceder a una educación integral que les permitiera alcanzar su autonomía intelectual.

En su pensamiento pedagógico, Gabriela defiende la autogestión del conocimiento y la educación como formación para aprender a lo largo de toda la vida. Adrián Baeza, en su estudio “El autodidactismo como contorno de la didáctica en el pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral”(3), explica que para ella el autodidactismo representa una experiencia formativa integral y una forma de resistencia frente el dogmatismo y la racionalidad técnica de la escolarización institucionalizada.

Es en este contexto, que Mistral otorga especial importancia a la biblioteca como sustento de la cultura autodidáctica. Es conocida su amistad, durante su adolescencia, con el periodista y profesor Bernardo Ossandón quien le abrió las puertas de su biblioteca privada, “No entiendo hasta hoy cómo el buen señor me abrió su tesoro, fiándome libros de buenas pastas y papel fino”(4). comentó la Nobel.

El acceso a esa biblioteca, sumando al acompañamiento lector, marcó la trayectoria de la poeta, despertando su profunda curiosidad y fortaleciendo su libertad de pensamiento. Gracias a este vínculo pudo realizar sus primeras publicaciones en la prensa de La Serena y Coquimbo. Este episodio releva la importancia de la mediación lectora y del rol de las bibliotecas para el desarrollo pleno de sus comunidades.

Para Gabriela, las bibliotecas y quienes las gestionan son fundamentales para el desarrollo autónomo de las personas. Comprendía la lectura como un acto libre, independiente y crítico frente al modelo escolar. Ella misma lo expresa: “La biblioteca pública va teniendo más sentido para la medición de una cultura, que la misma escuela (…) Es un verdadero barómetro de la vida mental en un país”(5).

En 1907, Mistral renunció al cargo de inspectora y secretaria del Liceo de Niñas de La Serena, por el mal clima laboral y la falta de apoyo de la dirección. “(la directora del liceo) Me acusaba de lo último por haber procurado yo la incorporación de niñas de la clase humilde, cuyo talento conocía y para las que el liceo estaba cerrado. Con estos cargos, buscó ella un discreto modo de eliminarme: no me dio trabajo. Por delicadeza, renuncié”(6).

En dicho liceo, Gabriela cumplía labores administrativas. Sin embargo, su vocación era la enseñanza, es por esto que en 1910 convalida sus conocimientos y obtuvo la habilitación para ejercer como maestra primaria en la Escuela Normal N° 1 de Santiago. Luego trabajo en diversas zonas del país -Traiguén, Antofagasta, Los Andes, Punta Arenas, Temuco – conociendo la profundidad territorial y cultural de Chile.

Su pensamiento pedagógico y la falta de diploma universitario, fueron usados como motivo de críticas de parte de sectores de la élite. Esto explica que recibiera el Premio Nacional de Literatura, seis años después de obtener el Premio Nobel, y su prolongado autoexilio.

Como ejemplo de esta oposición a su rol cada vez más público. En 1921, fue nombrada directora del Liceo N° 6 de Niñas de Santiago, lugar desde el cual tuvo que enfrentar críticas por su falta de título profesional. “Mientras viví en provincias me perdonaron la dirección de liceos; en Santiago, no. Jamás mi gremio profesoril me perdonará mi falta de título. Aguirre Cerda es el único protector de mi carrera… me habían hecho su amante para justificar mi nombramiento”(7), escribió.

En este escenario de tensiones, México se convirtió en un espacio decisivo para su desarrollo intelectual. En 1922 se traslada invitada por el ministro de Educación, José Vasconcelos, para participar en la reforma educativa. Hasta 1924 colaboró en las misiones culturales recorriendo sectores rurales, apoyando la creación de escuelas y bibliotecas. Trabajó en la adaptación del currículum educativo a un enfoque rural y democrático. Además, participó en la edición de clásicos de la literatura de distribución gratuita o a muy bajo costo.

Gabriela convirtió la adversidad en una fuerza transformadora. Llegó a ser una de las voces más influyentes en materia educativa de Latinoamérica, promotora de reformas fundamentales del siglo XX. Fue defensora del derecho a la educación para niñas, niños, mujeres, pueblos indígenas y personas excluidas por razones ideológicas, económicas o culturales.

Su vida y su obra siguen recordándonos que la palabra puede abrir caminos de dignidad y transformación.
“Ama, si no puedes amar mucho, no enseñes a niños”(8), Gabriela Mistral.

Bibliografía

1 – Freire, Pablo (1984). La importancia de leer y el proceso de liberación. Siglo Veintiuno Editores. México.
2 – Zegers, Pedro (2004). El legado literario de Gabriela Mistral en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile. Recuperado en: https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:72340
3 – Baeza, Adrián (2023). El autodidactismo como contorno de la didáctica en el pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral. Recuperado en: https://historiadelaeducacion.cl/index.php/home/article/view/182/180
4 – La Serena Online (2020). Bernardo Ossandón Álvarez y su importancia en la vida de Gabriela Mistral, por Oriana Mondaca. Recuperado en: https://laserenaonline.cl/2020/09/03/bernardo-ossandon-alvarez-y-su-importancia-en-la-vida-de-gabriela-mistral/
5 – Romero, Catalina (2011). Gabriela Mistral: El Libro y la Lectura, Ediciones Universidad Tecnológica Metropolitana
6 – Camino a Gabriela Mistral (2021). Gobierno Regional de Coquimbo. Recuperado en: https://www.caminoagabrielamistral.cl/su-vida
7 – Magri, Carla (2022). 100 años de desesperación. Columbia Global Centers. Recuperado en: https://globalcenters.columbia.edu/news/100-years-despair
8 – Mistral, Gabriela. Decálogo del Maestro. Recuperado en: https://ftp.e-mineduc.cl/cursoscpeip/PuntosVista/DECaLOGO_DEL_MAESTRO.pdf
Revista Educación N° 371 (2015). Recuperada en: https://www.revistadeeducacion.cl/revista_pdf/reveduc_371/files/assets/basic-html/page-3.html