<?xml version="1.0"?><!DOCTYPE rdf:RDF SYSTEM "http://dublincore.org/documents/2000/11/dcmes-xml/dcmes-xml-dtd.dtd"><rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><rdf:Description about="https://trilogia.utem.cl/articulos/resena-elementos-de-historia-y-economia-agroindustrial/"><dc:title>Reseña: Elementos de Historia y Economía Agroindustrial</dc:title><dc:date>2023-12-15</dc:date><dc:date>2023-12-15</dc:date></rdf:Description><article><front><journal-meta><journal-title>Reseña: Elementos de Historia y Economía Agroindustrial</journal-title><issn>2452-5995</issn></journal-meta><article-meta><pub-date pub-type="pub"><day>15</day><month>12</month><year>2023</year></pub-date><volume>39</volume><numero>50</numero></article-meta></front><body><![CDATA[&lt;p&gt;El libro &lt;em&gt;Elementos de Historia y Econom&iacute;a Agroindustrial&lt;/em&gt; (Valenzuela Silva, 2023) es fruto del trabajo de quien primero fuese mi profesor cuando cursaba la carrera de Ingenier&iacute;a en Administraci&oacute;n Agroindustrial, en el Instituto Profesional de Santiago (IPS), luego colega en la Facultad de Administraci&oacute;n y Econom&iacute;a (FAE) de la Universidad Tecnol&oacute;gica Metropolitana (UTEM), y actualmente un gran amigo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta obra es una prolongaci&oacute;n m&aacute;s elaborada, perfeccionada y actualizada de las materias que por a&ntilde;os ense&ntilde;&oacute; en su asignatura de Econom&iacute;a Agroindustrial. Junto con el director de la Escuela de Administraci&oacute;n de aquella &eacute;poca (1985), Osvaldo Flores Weber (QEPD), el profesor Valenzuela ya vislumbraba la importancia que ir&iacute;a adquiriendo la agroindustria hortofrut&iacute;cola, tanto en la vida econ&oacute;mica nacional como en sus exportaciones, de la misma manera que lo hace la industria alimentaria en general, a la cual pertenece. No estaba equivocado. En efecto, la industria alimentaria, medida en todas sus dimensiones o categor&iacute;as, es actualmente la segunda actividad de relevancia exportadora en nuestro pa&iacute;s, despu&eacute;s de la minera. Un aspecto que lo ha inquietado desde siempre ha sido el escaso o nulo inter&eacute;s de las disciplinas econ&oacute;micas por intentar modelar estas actividades, lo que abrir&iacute;a un amplio espacio para investigaciones te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas de mayor nivel acad&eacute;mico. Y otro aspecto relevante de este libro, que de alguna manera refleja la personalidad del autor, es que lo comienza (su t&iacute;tulo) con la palabra elementos, algo m&aacute;s pr&oacute;ximo a un bosquejo que a una obra terminada y que, por no sentirse poseedor de la verdad en absoluto, est&aacute; abierto a la cr&iacute;tica y a otras investigaciones futuras que lo superen. Dicho esto, paso a exponer y a comentar los cinco cap&iacute;tulos que contiene su extenso trabajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El primer cap&iacute;tulo aborda aspectos te&oacute;ricos relacionados con las distintas visiones, perspectivas y controversias que ha habido, algunas vigentes, sobre el concepto de agroindustria. El punto 1.1. est&aacute; referido al enfoque que se le da a la agroindustria en este trabajo. El punto 1.2. revisa los elementos involucrados en la controversia sobre este concepto, desde sus diversas perspectivas. El punto 1.3. expone, a modo de reconocimiento, de manera muy sucinta y a riesgo de ser parcial o no ser fiel del todo, las visiones y particularidades de un conjunto de trabajos pioneros en el tema hasta fines de los a&ntilde;os noventa. El punto 1.4. lo hace con algunos trabajos del a&ntilde;o 2000 en adelante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El autor se&ntilde;ala que una mera revisi&oacute;n l&oacute;gica permite deducir que el t&eacute;rmino compuesto agroindustria quiere significar industria del agro, y que la expresi&oacute;n abreviada agro hace referencia a la actividad o sector agr&iacute;cola y no a otra(o). De acuerdo con los trabajos pioneros sobre el tema los aspectos b&aacute;sicos que deb&iacute;an considerarse en la conceptualizaci&oacute;n de la agroindustria eran los siguientes: a) los rubros o actividades primarias que componen el agro, esto es, su amplitud de horizonte o sectorial; b) el grado de transformaci&oacute;n de la materia prima; c) el grado de integraci&oacute;n vertical de la actividad agroindustrial (eslabonamientos o encadenamientos hacia atr&aacute;s y hacia adelante); d) el tama&ntilde;o de la actividad agroindustrial; y e) la localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica donde se desarrolla la actividad agroindustrial. El profesor Valenzuela siempre tuvo una mirada esc&eacute;ptica a la concepci&oacute;n hol&iacute;stica del tema, aquella que pretend&iacute;a abarcar actividades que consideraba no propiamente agr&iacute;colas, aunque se realizaran en un predio, como las pecuarias y silv&iacute;colas, y m&aacute;s a&uacute;n con las de car&aacute;cter acu&iacute;cola-pesquero. Desde luego, no extra&ntilde;a su conclusi&oacute;n: aquella concepci&oacute;n amplia de agroindustria, basada en el aprovechamiento de la mayor&iacute;a de los recursos naturales renovables, que se genera a partir de las actividades agr&iacute;cola, pecuaria, silv&iacute;cola y pesquera, ha ido perdiendo relevancia en la vida econ&oacute;mica nacional, para dar paso a posturas m&aacute;s acotadas y pragm&aacute;ticas, acordes con el tratamiento econ&oacute;mico que actualmente se hace de industrias espec&iacute;ficas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cap&iacute;tulo 2 est&aacute; referido a la historia de la industria alimentaria y agroindustria hortofrut&iacute;cola chilena. El punto 2.1. expone aquellos antecedentes hist&oacute;ricos del proceso de industrializaci&oacute;n chilena que permiten configurar un desarrollo y cronolog&iacute;a de su industria alimentaria y agroindustria hortofrut&iacute;cola hasta 1930. Un aporte adicional es la generaci&oacute;n de un catastro de empresas alimentarias fundadas antes de la crisis de 1929, muchas de las cuales permanecieron en el tiempo por el empuje de los inmigrantes europeos llegados al pa&iacute;s. Este punto corresponde a una versi&oacute;n ampliada del art&iacute;culo de Valenzuela y Contreras (QEPD): Industria Agroalimentaria y Agroindustria Hortofrut&iacute;cola en Chile hasta 1930: Antecedentes para una Construcci&oacute;n Hist&oacute;rica. Historia 396, 3(2), a&ntilde;o 2013, PUCV. Por su parte, en el punto 2.2. se hace una rese&ntilde;a de seis industrias de la &eacute;poca: F&aacute;brica de Chocolate de Luis Gios&iacute;a, Hermano y Cia.; F&aacute;brica de Galletas de los se&ntilde;ores Ewing Hermanos y Cia.; F&aacute;brica de Fideos de don Emilio Arancibia; F&aacute;brica de Conservas de Langosta y Bacalao de Juan Fern&aacute;ndez, de Carlos Fonck y Cia.; Refiner&iacute;a de Az&uacute;car de Vi&ntilde;a del Mar de don Julio Bernstein; y F&aacute;brica de Aceite de Cocos de Casa Comercial Williamson-Balfour &amp;amp; Co.; y de tres haciendas vigentes a fines de la segunda d&eacute;cada del siglo XX: Hacienda Quilpu&eacute;, Hacienda Jahuel y Hacienda Palomar de Panquehue.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aqu&iacute; el profesor Valenzuela despliega su esfuerzo en escudri&ntilde;ar toda bibliograf&iacute;a que pueda colaborar a su prop&oacute;sito, sin discriminaci&oacute;n de fuente alguna, tanto en lo que se refiere a las controversias sobre la &eacute;poca en que surge la industria en Chile, como a las distintas versiones sobre la alimentaci&oacute;n de los chilenos de esos a&ntilde;os, por nombrar algunas. Como &eacute;l reconoce no ser historiador, me ha se&ntilde;alado que ser&iacute;a pretencioso y probablemente infructuoso intentar, a partir de la informaci&oacute;n reunida, dar un relato hilado y del todo consistente a una materia en la cual contribuye con elementos, pero que deja en manos de especialistas. Aun as&iacute;, y luego de revisar los antecedentes que tuvo a la vista, se inclina por se&ntilde;alar que la industria agroalimentaria es un fen&oacute;meno claramente perceptible ya en las d&eacute;cadas de 1840 y 1850, y particularmente en esta &uacute;ltima, concordando con la postura de aquellos que sit&uacute;an los or&iacute;genes de la industrializaci&oacute;n chilena en este per&iacute;odo. Es la moliner&iacute;a, y m&aacute;s propiamente la industria de la harina y sus derivados, la principal actividad fabril relacionada con la mesa del chileno hasta pr&aacute;cticamente fines del siglo XIX. Las cifras y antecedentes revisados detectan un buen n&uacute;mero de establecimientos industriales alimentarios fundados en esas fechas, revistiendo algunos un car&aacute;cter m&aacute;s bien artesanal visto con los ojos del presente. Junto a la moliner&iacute;a y a las f&aacute;bricas de harina comienzan a surgir las de fideos o pastas, de aceite comestible, de az&uacute;car, de conservas de productos del mar, de salaz&oacute;n de carnes y pescados, de otros salmuerados menores, de galletas y afines, de frutos secos y de productos deshidratados v&iacute;a solar. Acompa&ntilde;a a este proceso una inmigraci&oacute;n europea que ha sido de vital importancia en la industrializaci&oacute;n del pa&iacute;s. La Guerra del Pac&iacute;fico es el suceso que consolida la primera etapa del proceso chileno de industrializaci&oacute;n. Una interpretaci&oacute;n del profesor Valenzuela en conjunto con el profesor Roberto Contreras Mar&iacute;n (QEPD), a partir de la literatura revisada, pero que no figura en ella, es que este conflicto pudo ser ganado gracias al apoyo log&iacute;stico brindado por las industrias que lo sirvieron, argumento que sustentar&iacute;a la tesis de la existencia previa a 1879 de una importante capacidad instalada, que posibilit&oacute; un abastecimiento adecuado de las tropas chilenas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En lo relativo a la agroindustria hortofrut&iacute;cola, el secado al natural de frutas, precursor de los m&eacute;todos modernos de deshidrataci&oacute;n, se remonta a la &eacute;poca de la Colonia, con exportaciones incipientes de frutos secos, de las cuales se ignoran mayores antecedentes, hacia fines del siglo XVIII y durante el siglo XIX. Aunque la conservaci&oacute;n de alimentos v&iacute;a calentamiento y salmuerado tiene una larga data en la historia del pa&iacute;s, la conserver&iacute;a de frutas y hortalizas en tarros de hojalata, a escala y con procesos industriales, surge con fuerza a comienzos del siglo XX. Los jugos concentrados de frutas y hortalizas son un fen&oacute;meno moderno, pero algunas iniciativas por producir jugos naturales se encuentran tambi&eacute;n a inicios del siglo XX. Los congelados hortofrut&iacute;colas no figuran en este desarrollo, puesto que la capacidad de fr&iacute;o importada fue destinada durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, por razones puramente econ&oacute;micas, a los rubros c&aacute;rnicos y l&aacute;cteos. La agroindustria hortofrut&iacute;cola constituy&oacute; durante el siglo XX una actividad preferentemente sustituidora de importaciones que no logr&oacute; un despegue exportador de relevancia sino a partir de la d&eacute;cada de 1980, con la apertura comercial iniciada en la d&eacute;cada previa. Por otro lado, las seis industrias rese&ntilde;adas en el punto 2.2. dan cuenta del empuje empresarial y modernidad industrial de fines del siglo XIX, y las tres haciendas descritas sorprenden por su organizaci&oacute;n y multiplicidad de faenas agropecuarias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cap&iacute;tulo 3 se divide en dos partes. El punto 3.1. revisa algunas cifras destacables de la industria alimentaria y de la agroindustria hortofrut&iacute;cola. Est&aacute; subdividido en: &uacute;ltimas cifras noticiosas (3.1.1.); las cifras y sus fuentes (3.1.2.); y un ejercicio con las cifras de Chilealimentos (3.1.3.). El punto 3.2. est&aacute; referido al modelamiento de las exportaciones de la agroindustria hortofrut&iacute;cola y se subdivide en: un modelo simplificado para las exportaciones agroindustriales hortofrut&iacute;colas basadas en el descarte de exportaci&oacute;n agr&iacute;cola (3.2.1.); un modelo simplificado para las exportaciones agroindustriales hortofrut&iacute;colas basadas en producto agr&iacute;cola exportable (3.2.2.); un modelo m&aacute;s elaborado para las exportaciones agroindustriales hortofrut&iacute;colas basadas en el descarte de exportaci&oacute;n agr&iacute;cola (3.2.3.); costos de intercambio, mercado, contratos y agricultura de contrato (3.2.4.); variables sobre las cuales puede influir el productor-exportador agroindustrial en distintos contextos institucionales, cuando utiliza descarte de exportaci&oacute;n agr&iacute;cola (3.2.5.); y econom&iacute;as de procesamiento, concentraci&oacute;n en la agroindustria hortofrut&iacute;cola exportadora y competitividad internacional bajo la tecnolog&iacute;a de Leontief (3.2.6.).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Actualizando algunas cifras con el profesor Valenzuela, y tomando estos &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os (2019-2022) es posible se&ntilde;alar que en promedio las exportaciones totales corresponden al 37,3% del PIB, las exportaciones de alimentos representan el 23,2% de las exportaciones totales, lo que reafirma a la industria alimentaria como la segunda exportadora a nivel pa&iacute;s, y las exportaciones agroindustriales hortofrut&iacute;colas (en su definici&oacute;n m&aacute;s acotada) representan el 11,4% de las exportaciones de alimentos y, por lo tanto, un 2,6% de las exportaciones totales. Cifras promisorias y desafiantes hacia el futuro.&lt;br /&gt;
Sin embargo, el rasgo m&aacute;s notable de este cap&iacute;tulo, y tal vez del libro, es la formulaci&oacute;n de modelos que explican las exportaciones de la agroindustria hortofrut&iacute;cola y el rol que cumplen variables como el tipo de cambio, el precio internacional del producto procesado, el precio internacional del producto agr&iacute;cola exportable, el precio de la materia prima agr&iacute;cola considerada descarte de exportaci&oacute;n, la capacidad de procesamiento de la planta en funci&oacute;n de su maquinaria o tecnolog&iacute;a de procesamiento y los costos de intercambio (transacci&oacute;n) involucrados en diferentes esquemas de abastecimiento de materias primas. Debo destacar los concernientes a los puntos 3.2.3. y 3.2.4., de completa autor&iacute;a del profesor Valenzuela, quien me confes&oacute; que se vio obligado a formularlos luego de una larga y est&eacute;ril b&uacute;squeda a nivel nacional e internacional. El modelo 3.2.3. est&aacute; bien formulado en todas sus dimensiones a partir, claro est&aacute;, de supuestos que permitan acotar su an&aacute;lisis. En 3.2.4. se incorpora un nuevo elemento que le da mayor realismo al modelamiento de la agroindustria, cual es el costo de transacci&oacute;n, clave para las distintas alternativas de abastecimiento de materia prima agr&iacute;cola. Con esta incorporaci&oacute;n el autor establece las condiciones de viabilidad (m&aacute;ximos y m&iacute;nimos) para cada una de esas alternativas. Por lo mismo, y sin entrar al detalle, concluye que un rasgo esencial e insoslayable a la vez, cuando la modalidad de abastecimiento es agricultura de contrato, lo constituye la interrelaci&oacute;n entre los costos de intercambio de las partes. El productor agroindustrial deber&aacute; negociar y decidir tomando en cuenta no s&oacute;lo los suyos, sino tambi&eacute;n los enfrentados por su contraparte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cap&iacute;tulo 4 revisa, a partir de una serie de trabajos o estudios realizados por diversos autores e instituciones, la situaci&oacute;n de los peque&ntilde;os productores agr&iacute;colas y sus mecanismos de apoyo, as&iacute; como la opci&oacute;n de la agricultura de contrato. El punto 4.1. centra su atenci&oacute;n en distintas caracter&iacute;sticas de la peque&ntilde;a agricultura y sus mecanismos o instrumentos de apoyo. Est&aacute; subdividido en: peque&ntilde;a agricultura, agricultura familiar campesina, agricultura familiar, pobreza y desigualdad (4.1.1.), y mecanismos de apoyo (4.1.2.). El punto 4.2. expone lo relativo a la agricultura de contrato, estando subdividido en: una opci&oacute;n para los agricultores en general y para los peque&ntilde;os agricultores en particular (4.2.1.) y crisis hortofrut&iacute;cola y agricultura de contrato (4.2.2.). Finalmente, el punto 4.3. da una mirada a la visi&oacute;n que hab&iacute;a sobre estos temas hasta fines de los a&ntilde;os noventa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El profesor Valenzuela me ha explicado que este cap&iacute;tulo se bas&oacute; fundamentalmente en revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica, alguna del &uacute;ltimo tiempo y otra que ya va adquiriendo ribetes hist&oacute;ricos. De su lectura puedo destacar los siguientes aspectos: 1) La agricultura familiar (AF) estar&iacute;a compuesta por cerca de 260.000 explotaciones, casi el 90% del total de unidades productivas del pa&iacute;s. Por su parte, la agricultura familiar-campesina (AFC) estar&iacute;a compuesta por unos 197 mil integrantes, conforme a la definici&oacute;n y cifras (2018) que maneja el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap); 2) Todo indica una importante declinaci&oacute;n en el n&uacute;mero de hogares que se dedican a la agricultura, tendencia que, de mantenerse, podr&iacute;a reducir el importante segmento de la mediana agricultura en Chile, pudiendo ser desplazada por la agricultura corporativa (transformaci&oacute;n estructural); 3) Si bien el trabajo no posee datos actualizados sobre los hogares rurales del sector agr&iacute;cola, la mejora distributiva de su ingreso per c&aacute;pita en el periodo 2000-2011 reflejar&iacute;a una mejora distributiva por v&iacute;a propia m&aacute;s que mediante subsidios monetarios, la que puede haber sido lograda tanto por los est&iacute;mulos que emanan del contexto econ&oacute;mico en que se desarrolla la agricultura, como por los variados programas o mecanismos de apoyo estatal diferentes al mero subsidio monetario, tema sobre el cual no hay un estudio relevante ni concluyente para el sector; 4) El argumento de que la agricultura familiar no tendr&iacute;a capacidad de competir y desarrollarse en una econom&iacute;a de mercado, abierta al exterior y orientada a la exportaci&oacute;n, va quedando sin relato, puesto que la experiencia reciente demuestra que es posible desarrollar estrategias comerciales que permitan acceder a la AFC y a ciertos segmentos de la AF &ndash;especialmente el de peque&ntilde;os productores&ndash; a mercados internacionales de nicho, proyectando la agricultura familiar chilena hacia los mercados externos; y 5) Indap posee variados programas de apoyo a la AFC, disponiendo el a&ntilde;o 2017 de un presupuesto institucional ascendente a unos $270.000 millones (en 2023 es de $350.868 millones). Por lo mismo, a juicio de algunos cr&iacute;ticos y/o esc&eacute;pticos, tendr&iacute;a mucho sentido el realizar un estudio objetivo del impacto y efectividad de sus diferentes programas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El quinto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del libro revisa un conjunto de variables o factores relevantes que afectan la actividad agroindustrial, con un doble prop&oacute;sito. Por una parte, definir cada variable y desarrollar sus principales aspectos te&oacute;ricos, partiendo por lo b&aacute;sico, con el objetivo de que el lector comprenda los alcances e importancia de cada uno de los temas que se tratan. Por la otra, ir exponiendo algunos hallazgos y/o antecedentes emp&iacute;ricos, en base a la literatura disponible, que le den sustento al an&aacute;lisis. Las variables a revisar son: materia prima agr&iacute;cola y proveedores (5.1.); tipo de cambio nominal (5.2.); tipo de cambio real (5.3.); precios externos (5.4.); aranceles y barreras no arancelarias (5.5.); consumidores y cambios en sus h&aacute;bitos (5.6.); capacidad ociosa y capacidad instalada (5.7.); tecnolog&iacute;a y econom&iacute;as de escala (5.8.); integraci&oacute;n horizontal e integraci&oacute;n vertical (5.9.); eficiencia y productividad (5.10.); costos de transacci&oacute;n (5.11.); competitividad (5.12.); y factores ambientales (5.13.).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este &uacute;ltimo cap&iacute;tulo tiene una clara finalidad pedag&oacute;gica, en el sentido de proveer al lector de los elementos necesarios para comprender en mayor detalle el significado y las implicancias que tiene para esta actividad cada una de las variables listadas. Aqu&iacute; quisiera destacar dos de ellas. La primera referida a los costos de transacci&oacute;n, pieza clave de la teor&iacute;a econ&oacute;mica moderna bajo el enfoque institucionalista, que le permite al autor se&ntilde;alar que el mercado, en todas sus modalidades (compra directa en mercados abiertos, compra a intermediarios, etc.), es la principal estructura de gobernanza para transacciones no espec&iacute;ficas y recurrentes. En cambio, cuando las transacciones (activos) son espec&iacute;ficas, dos tipos de estructuras de gobernanza son posibles: estructuras bilaterales, como la agricultura de contrato, donde se mantiene la autonom&iacute;a de las partes, y estructuras unificadas, donde la transacci&oacute;n es removida del mercado y organizada dentro de la firma, sujeta a una relaci&oacute;n de autoridad (integraci&oacute;n vertical). La segunda constituye otro notable aporte del profesor Valenzuela, en el sentido de desglosar todos los posibles componentes de la capacidad ociosa en las plantas agroindustriales (uniproducto o multiproducto), atrevi&eacute;ndose a se&ntilde;alar que la capacidad excesiva en la agroindustria hortofrut&iacute;cola puede ser tambi&eacute;n el resultado de una decisi&oacute;n planificada y racional de algunas de sus plantas para atender lo que perciben como una demanda futura en expansi&oacute;n (viable v&iacute;a precios) sin tener que realizar nuevas inversiones (proceso de maximizaci&oacute;n de utilidades y de minimizaci&oacute;n de costos presentes y futuros). Es decir, ning&uacute;n empresario del rubro adquirir&aacute; de modo continuo nueva tecnolog&iacute;a cada vez que mejoren las condiciones de corto plazo. Agrega que las cifras relativas a la evoluci&oacute;n experimentada por la agroindustria hortofrut&iacute;cola chilena desde los a&ntilde;os ochenta hasta 2018 muestran una clara tendencia creciente &ndash;con algunos altibajos&ndash;, lo que avalar&iacute;a la racionalidad de las decisiones de aquellas empresas que invierten en tecnolog&iacute;as o capacidades de procesamiento sobredimensionadas o excedentarias para las demandas que enfrentan en la coyuntura (margen de reserva). Otro elemento que puede ser relevante en la capacidad ociosa de corto plazo es la disponibilidad de materias primas agr&iacute;colas. As&iacute;, desde esta perspectiva la capacidad excesiva podr&aacute; tener dos componentes esenciales: uno deseado (demanda futura en expansi&oacute;n) y uno no deseado (restricci&oacute;n agr&iacute;cola). Luego de esta exposici&oacute;n te&oacute;rica, el autor cuestiona las cifras que se exhiben sobre el tema a comienzos de cada d&eacute;cada y llama a concordar una nueva metodolog&iacute;a de c&aacute;lculo.&lt;br /&gt;
Finalmente, el libro Elementos de Historia y Econom&iacute;a Agroindustrial del profesor Luis Adolfo Valenzuela Silva, est&aacute; destinado a convertirse en una fuente de referencias y consultas de estudiantes, empresarios, investigadores, y agentes gubernamentales, interesados en comprender la importancia pasada, actual y futura de la agroindustria en Chile.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;REFERENCIA BIBLIOGR&Aacute;FICA&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Valenzuela Silva, Luis A. (2023). &lt;em&gt;Elementos de Historia y Econom&iacute;a Agroindustrial&lt;/em&gt;. Ediciones UTEM. https://editorial.utem.cl/wp-content/uploads/sites/3/2023/08/libro-EHE-agroindustrial.pdf.&lt;/p&gt;
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